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viernes, 20 de julio de 2012

Y se volvió a cerrar la puerta...

Una vez más, vuelvo a escuchar el sonido del picaporte de la puerta principal abrirse. Se vuelve a marchar y volverá pero, ¿cuándo?. Es demasiado duro, y aunque piense que lo hago, que me acostumbro, sé que no. Todavía necesito de sus consejos para afrontar esta vida, necesito sentir su suave aliento protector, necesito a sus duras verdades para despertar ...Sencillamente, sería menos duro si él no tuviera tanta importancia para mí, si sus palabras se desvanecieran al entrar por mis  oídos como el agua que desaparece por las finas rendijas de nuestras manos. Pero no es así, lo quiero de verdad, es un cariño acompañado de un enorme respeto hacia él. Cada vez que veo aparecer su figura por la puerta, mis latidos se aceleran. Es algo que me inquieta ¿Cómo alguien con el que llevo viviendo toda la vida puede producir esos efectos?

Él no es para mí como los demás, es alguien con una gran fortaleza personal que ha sabido labrarse su futuro por él mismo y que sabe lo que significa esforzarse para conseguir las cosas, además de tener un sentido del humor nato que ilumina cualquier velada gris. Sí, ya sé lo que estarás pensando, pero no, no es que lo tenga idealizado, sé perfectamente que se trata de una persona y, como toda, está llena de defectos y virtudes, pero como ya digo, sus pros hacen que sus contras se suelan ver nublados para mí, aunque ¡por supuesto que sé que no es perfecto! , es una persona, es vulnerable...

Por eso escribo esta carta, porque te vuelves a marchar, y me dejas sola, desamparada, con una sensación de frío en mi interior. Ahora sí, llegó el momento, estás a punto de marcharte y me siento más vulnerable que nunca.
Pero esta vez quiero ser fuerte.Mis ojos se clavan en la puerta.
Se acaba de cerrar...

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